21.07.21

Historia del Renault Siete de Alejandro (alcalacurro)

Siempre he pensado que mi tía abuela, la Tati (así la llamamos en casa) ha sido una mujer en cierta medida adelantada a su tiempo. Cuando en los años 60 apenas había mujeres conductoras, ella era una de ellas, y no sólo eso, sino que me ha contado aventuras de aquellos tiempos en los que se hacía viajes de más de 12 horas en un 600 con su amiga Tere, alternando el coche de ella con el que tenía mi tía por aquel entonces: un Renault 4 matriculado en septiembre de 1967.

 

El largo trayecto a Lisboa desde Madrid no fue obstáculo para que en repetidas ocasiones estas dos amigas se echaran a la carretera con la certeza de que les quedaba mucho camino por recorrer, aunque, de alguna forma, estos viajes tuvieron su recompensa, ya que Tere encontró allí a su futuro marido, portugués y del que me asombré cuando le conocí porque no se le entendía nada, ¡y Tere nunca aprendió portugués!

 

 

En esta foto que muestro, mi tía es la cuarta persona por la izquierda (o por la derecha). Está junto a mis bisabuelos y en el centro de ellos, mi yaya. En esta instantánea, tomada en 1967, sale el R-4, llamado cariñosamente Chivín. Con matrícula M-611.572, montaba el motor Ventoux y siempre que la ocasión lo facilita, mi tía recuerda que le costaba horrores arrancarlo porque dormía en la calle ya que para entonces, no estaba generalizada la costumbre de tener garaje.

 

El coche estuvo en servicio en mi casa hasta los últimos años de la década de los 70, momento en el que se decidió cambiar por otro. En mi casa siempre que ha habido cambio de coche se ha dicho "que sea un poquito mejor que el anterior, nuevo, práctico y sencillo", y el elegido fue el Renault Siete que ahora conservo yo.

 

Mi tía añadió entonces una cláusula más a la lista de cualidades que debía tener su coche, siendo que éste debía ser entregado en un plazo razonablemente breve.

 

Supuestamente ella lo quería en verde, color que, aunque creo que no se lo he preguntado nunca, sé de buena tinta que es su preferido de siempre, pero como el plazo se demoraría mucho más, el elegido fue el beige.
El flamante Renault Siete TL, que fue entregado en febrero de 1978, durmió en garaje desde el primer día, hecho que le ha ayudado a conservarse hasta hoy en perfectas condiciones. Fue estrenado para ir a buscar a mis bisabuelos a La Carolina (Jaén), un viaje que ha repetido en multitud de ocasiones.

 

Pasaron los años y cuando nací yo, el R-Siete todavía era un coche al que podíamos considerar "nuevo" dada su edad. Todos los fines de semana íbamos con la tartera al campo a pasar el día con toda la familia (de hecho, la mesa y las sillas plegables han seguido en el maletero hasta hace pocos años). Mis recuerdos de entonces son bastante difusos, pero me acuerdo bastante bien del SEAT 850 que tenía prestado mi tío, ya bastante baqueteado y de los calentones que sufría (aunque yo he llegado a hacer todavía viajes largos en ese coche). También tengo dos imágenes bastante claras del R- Siete: una es de cuando iba en él a La Carolina de pequeño y otra es de una parada que hicimos con una amiga suya yendo un día en el Siete y vi pasar al fondo un tren tirado por una locomotora que debía ser diésel, ya que echaba muchísimo humo.

 

Hacia mediados de los años 80, mis padres compraron un Opel Corsa TR, y mi tío cambió el SEAT 850 por otro Corsa, por lo que el vehículo de uso habitual a partir de este momento fue el coche de mis padres. Las costumbres sociales iban cambiando y el Siete inició un período de casi 10 años en los que realmente se usó muy poco, tan poco que años después he sabido que estuvo a la venta durante algún tiempo, aunque supongo que mi tía no se movió lo suficiente como para venderlo o simplemente, no salió ningún comprador que pagara por él lo que ella pensaba. Afortunadamente se decidió que el coche se iba a vivir al pueblo y a partir de entonces yo, que no sé si llegaría a los 10 años, empecé a cuidarlo.

 

De alguna manera que no llego a recordar exactamente, por aquellos años yo ya intuí que si no había grandes novedades, el coche sería para mí y crecí sabiéndolo. El caso es que en casa no se escuchaba nada de eso, y más bien era yo el que iba por ahí afirmándolo, pero supongo que como nadie me paró en seco diciéndome que no me hiciese ilusiones, resultó que al final toda mi familia, amigos y vecinos veían con buenos ojos que yo dedicase horas enteras a tener a punto el coche.

 

Sin embargo, un día de julio de 1995 se le rompió el embrague al Siete. El ambiente que se respiraba por allí era que esa era una avería muy gorda, que el coche no hacía más que dar problemas...y fue un momento en el que yo realmente estuve preocupado porque estuvo muy cerca de irse directamente al desguace.

 

Actualmente he leído mucho más de mecánica y la imagen que tengo de un cambio de embrague es de lo más natural, de hecho sé que los embragues se cambian porque se rompen del uso, no pasa "nada" y es normal que ocurra, pero aquella semana se debatió en casa qué hacer con él. Hubo opiniones que recomendaban deshacerse de él y por ello, fueron momentos bastante tensos para mi, que no tenía mucho poder de decisión sobre el futuro del coche.

 

Por suerte, al final la avería se reparó y a partir de ahí dio comienzo una nueva etapa. La decisión de arreglarlo o no, pienso que se debía entonces más a una cuestión práctica y de rendimiento que a otra cosa. Sin embargo, aunque después de ello tampoco se le hizo mayor uso, a mi me quedaban pocos años para la mayoría de edad y ya era un hecho sabido pública y abiertamente que el coche iba a ser definitivamente para mi.

 

En 1998 yo tenía casi 15 años y para entonces tuve mi primer contacto con Internet durante un cursillo que hice en verano. Pasé horas buscando en la red algo relacionado con el Siete, pero no encontré nada (ni yo, que era un inexperto, ni algunos compañeros del cursillo a los que involucré). Sin imaginar los resultados que esta decisión iba a acarrear, aproveché que un amigo mío me ayudó a abrir una cuenta de correo e-mail en Yahoo (que luego caducó por falta de uso), para fundar el Club Yahoo del Renault 7 (también conocido como A.C.A.R.-7, o Asociación cultural de amigos del Renault Siete/7).

 

A partir de entonces, empecé a vivir toda esta historia de forma mucho más activa: redacté en un folio toda la información que creí interesante sobre A.C.A.R.-7 (lo que me interesaba más era favorecer un encuentro/base de datos sobre aficionados de este coche, sin mayores pretensiones puesto que con esa edad y medios yo no hubiese podido afrontarlos), e hice unas cuantas fotocopias que fui depositando en los parabrisas de los Siete que iba viendo. Así estuve unos cuantos meses, hasta que un día me encontré con un Siete blanco aparcado en la calle Virgen del Sagrario de Madrid con su dueño dentro, le ofrecí el papel y fue tan desagradable que me desanimó mucho, la verdad.

 

Afortunadamente el número de socios de A.C.A.R.-7 crecía, aunque de forma muy lenta. De esa etapa recuerdo mis primeros mensajes con Antonio (de Granada) y de ese momento "clave" en el que armados de valor y con muchas precauciones, nos dimos la dirección de casa como prueba de buena voluntad y de inicio de una relación más continuada, escribiéndonos a menudo, y manteniendo una amistad desde entonces.

 

El regalo de mis 18 años como se puede imaginar, fue el Renault Siete; yo los cumplo en agosto y como ya había aprobado Selectividad un par de meses antes, estaba totalmente centrado en la obtención del carnet de conducir desde hacía varias semanas en la autoescuela.
Para entonces, el Siete era un coche considerado muy viejo (aunque su estado de conservación no daba idea de la edad que tenía) y afortunadamente, los contenidos relacionados con este modelo ya empezaban a ser visibles en Internet.

 

A través de la red, fui conociendo nuevas personas relacionadas con el R-Siete/7. Por ejemplo Francisco, de León, cuyo primer encuentro fue en Retromóvil, materializando de alguna forma los resultados que se derivaban de A.C.A.R.-7. En esa época los momentos que dediqué a incrementar mis conocimientos de mecánica aumentaron mucho, a la vez que se iban fraguando nuevas amistades con personas de este mundillo.

 

Y todo lo demás ha sido mucho más fácil ya que la información que encontraba sobre el R-Siete aumentaba exponencialmente, viviendo como uno de los momentos más mágicos el día en el que accedí por primera vez a la página del Club 4, 5, 6 y 7 de España.

 

La afición ha ido creciendo, existiendo varios foros dedicados al modelo: A.C.A.R.-7, el Club 4, 5, 6 y 7 o el Foro del Renault Siete y 7. El 2 de Noviembre de 2007, se celebró la primera Concentración, ¡a nivel Nacional! de vehículos de este modelo, siendo uno de los días más especiales de mi vida en el que mi Renault Siete se "vistió de largo" para la ocasión.

 

Al día siguiente se casó mi tío y yo llevé el Siete a la boda, más de 25 años después de haber sido el coche de bodas de mis padres:

 

El Renault Siete a la salida de la boda, llevando todavía el dorsal de la concentración del día anterior.

El Renault Siete a la salida de la boda, llevando todavía el dorsal de la concentración del día anterior.

 

Siempre que se ha podido, he compartido afición con la Tati, llevándola conmigo y haciéndola partícipe de salidas y concentraciones de clásicos.

 

La Tati y el Siete de concentración en Tarazona, 2008

La Tati y el Siete de concentración en Tarazona, 2008

 

La Tati a la izquierda de la imagen en Tarazona junto con Antonio de Granada a la derecha y el resto del grupo, vestidos con la camiseta de la concentración

La Tati a la izquierda de la imagen en Tarazona junto con Antonio de Granada a la derecha y el resto del grupo, vestidos con la camiseta de la concentración

 

La Tati, el Siete y yo en una concentración de clásicos en Chinchón en 2010

La Tati, el Siete y yo en una concentración de clásicos en Chinchón en 2010

 

Y si alguien me pregunta, ¿qué ha cambiado objetivamente el Siete en tu vida? Pues supongo que en cierta medida ha configurado mi manera de pensar, de actuar y de emplear mis ratos de ocio. La mecánica se ha abierto ante mi como un mundo muy grande que abarca un espacio mucho más amplio que el del Siete; es una afición que ha nacido en mi de la que no hay ninguna referencia más en la familia, y en cierta medida me ha influenciado mucho al valorar ciertas cosas que en otras personas no sólo de mi mismo entorno, sino de mi misma edad, pasan totalmente desapercibidas.

 

La Tati, el Siete, el resto de la familia y amigos en el día de su 90 cumpleaños

La Tati, el Siete, el resto de la familia y amigos en el día de su 90 cumpleaños

 

La Tati es actualmente una mujer que supera los 90 años de edad, siendo hoy la única superviviente adulta de la foto que se hizo con el Chivín en 1967. Hace años que no conduce, pero me asombra muchísimo el empuje que tiene para seguir viviendo, tirando de sus achaques, pero con una dignidad y una fuerza interna que me están haciendo reflexionar muchísimo en mis ratos de intimidad.

 

 

 

 

 
 

 

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